La semana pasada, Diario La Hora publicó una proyección electoral para la alcaldía de Quito realizada por MR Analytica que estima que Pabel Muñoz alcanzará el 25% de la votación y Jorge Yunda el 23%. El titular de la nota, haciendo referencia al candidato que se ubica en tercer lugar, decía, “Wilson Merino gana terreno: pasa del 8% al 15%”.
La nota aclaraba que MR Analytica no es una encuestadora. Al contrario, el trabajo de la firma consiste en “hacer seguimiento de actividad pública en Facebook, Instagram, X, TikTok y YouTube, además de búsquedas relacionadas con los candidatos en motores como Google, Bing, Safari y Yahoo (...) A estos datos se agregan resultados electorales históricos y estadísticas poblacionales”, y así, “los datos son procesados mediante un sistema de inteligencia artificial que identifica patrones y proyecta la intención de voto”.
En suma, Diario La Hora publicó los resultados de un modelo.
Un modelo es una especulación informada. Combine determinados ingredientes que a su criterio son relevantes y pertinentes —en términos técnicos les decimos “parámetros”— y el modelo es la receta que mezcla e interpreta los ingredientes en su conjunto. El resultado final, siguiendo la receta, es una especulación informada sobre lo que puede ocurrir en noviembre. Cambie uno de los ingredientes y el resultado podría lucir diferente.
Por eso es inoficioso discutir el modelo de MR Analytica. La descripción de su metodología brinda pocos detalles más allá de las generalidades: “la firma señala que analiza grandes volúmenes de información pública y comportamiento digital para estimar tendencias de intención de voto”. Pero sobre todo, los modelos así no son muy informativos.
Me explico. Según MR Analytica, el porcentaje de votación de Merino aparentemente saltó de 8 a 15 por ciento entre agosto y septiembre. El porcentaje de Yunda saltó de 16 a 23 por ciento. Al no ser una estimación basada en encuestas, es difícil saber si esos saltos corresponden a un movimiento “real” en la tendencia del electorado; si son provocados por un cambio en algunos parámetros específicos del modelo, por ejemplo si simplemente son el reflejo de que a medida que se acercan las elecciones hay más actividad en redes y buscadores; o si son una combinación de ambas cosas. Si el próximo mes el modelo arroja que Merino bajó a 10% o subió a 20%, me cuesta entender qué es exactamente lo que aprendemos con eso.
De hecho, me pregunto a quién le sirve una proyección así. Sin duda es útil para que los candidatos usen esos números y hagan propaganda a conveniencia. Las proyecciones así también generan un efecto circular en el electorado: si leo que Wilson Merino está recibiendo mayor atención, quizás debo poner atención a Wilson Merino.
El mundo del análisis electoral está lleno de estos efectos, y uno de los debates clásicos es si la opinión pública responde a las noticias o si las noticias responden a la opinión pública.
El tema de fondo es que sin un marco conceptual de referencia, no podemos evaluar si los números tienen sentido. En este artículo describo un par de elementos de un marco conceptual que me parecen necesarios para evaluar modelos así.
Específicamente, lo que me parece más útil es preguntarnos, ¿bajo qué condiciones Wilson Merino podría ocupar el tercer lugar en la contienda para la alcaldía de Quito, siguiendo a los dos candidatos delanteros? Y además, ¿en qué circunstancias estaría cerca de los dos delanteros o en qué circunstancias estaría cerca del pelotón del resto de candidatos?
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En las últimas dos elecciones seccionales, en 2019 y 2023, Quito ha mostrado ser una ciudad con un electorado de preferencias relativamente estables.
En 2019, Jorge Yunda ganó la alcaldía con casi 300 mil votos. En 2023 obtuvo 307 mil, prácticamente lo mismo. La estructura de su votación —la distribución por parroquias, juntas y recintos— es bastante parecida en las dos elecciones. Yunda claramente cuenta con un electorado de preferencias estables. El punto de partida y la expectativa razonable faltando más de dos meses para las elecciones, es que este año alcance una votación parecida.
Si este año saca una votación menor, las razones serán motivo de análisis: la calidad de su campaña, el desgaste de haber ocupado el cargo ya una vez y ser destituido, la campaña que busca colocarle como aliado de un presidente que tiene escasa popularidad, etc. Y si en las semanas que vienen, las encuestas empiezan a mostrar números muy inferiores, habría que investigar si las mediciones no están captando toda su intención de voto, o si, por el contrario, alguien más está ocupando su nicho.
Del otro lado, los candidatos del correísmo también han recibido un apoyo electoral relativamente estable en las últimas dos elecciones. Luisa Maldonado recibió alrededor de 250 mil votos, y Pabel Muñoz le superó en 2023 llegando a casi 350 mil votos que le alcanzaron para ganar la alcaldía.
Maldonado compitió como candidata de Fuerza Compromiso Social (FCS), es decir sin la marca del correísmo propiamente, lo cual probablemente le representó un déficit con muchos electores al igual que ocurrió con otros candidatos de FCS en 2019. Además era una candidata mujer en una ciudad que tradicionalmente ha apoyado más fuertemente a candidatos varones.
Pabel Muñoz contaba con la marca de la RC e hizo una buena campaña. Superó a Yunda con alrededor de 40 mil votos, lo cual es una diferencia apretada, y su victoria sobre Yunda se produjo porque pudo exprimir más votos tanto en las parroquias de fuerte apoyo al correísmo como en las parroquias de escasa votación del correísmo.
Cómo leer la figura: el eje horizontal muestra el porcentaje de votación por Andrés Arauz, candidato del correísmo, en las elecciones presidenciales de 2021. Sirve como punto de referencia para ver qué tanto apoyo electoral recibe el correísmo en cada parroquia. Cada círculo representa a una parroquia. El tamaño de los círculos representa el número de electores por parroquia. En el eje vertical se muestra el porcentaje de apoyo recibido por cada uno de los dos candidatos, Yunda y Muñoz. Las líneas de tendencia facilitan la lectura porque son un resumen de la dirección de la tendencia general para cada candidato: a mayor apoyo al correísmo por parroquia, mayor es el porcentaje de votación recibido por ambos. La distancia entre las líneas representa el déficit de Yunda con respecto a Muñoz. Muñoz le superó particularmente donde el correísmo recibe una muy baja votación y donde recibe una muy alta votación.
Detrás de estos dos delanteros, el tercer y cuarto lugar en las elecciones seccionales de 2023 fueron Pedro José Freile y Andrés Páez. Pedro José Freile prácticamente empató con Yunda: sacó 3 mil votos menos y alcanzó el 22%, y Páez quedó bastante más atrás con 13%. La diferencia entre la estructura de la votación de ambos es clave.
Mientras Muñoz y Yunda competían por el mismo electorado, la comparación entre la votación de Yunda y de Páez muestra un contraste bastante claro que sugiere que sus electorados son distintos y diametralmente opuestos. Donde le fue bien a uno, le fue mal al otro, y viceversa.
Andrés Páez sacó su votación más fuerte en Rumipamba, parroquia del centro-norte de Quito. Alcanzó 38%, muy por encima del 13% de su votación total. En esa misma parroquia, Yunda sacó, literalmente, su votación más débil: 9%, muy por debajo de su 22% en el toda la ciudad.
En cambio, al otro extremo, en Chillogallo, para tomar un ejemplo de las parroquias grandes, Yunda tuvo una de sus mejores votaciones con 28%, mientras que Páez consiguió apenas un 6%.
La siguiente figura muestra este contraste con claridad: donde le va bien a uno, le va mal al otro y viceversa. El patrón es cristalino.
Con Pedro José Freile, en cambio, las cosas fueron muy distintas. No hay un patrón que muestre que Freile y Yunda tenían electorados opuestos. De hecho, en cierta medida competían por el mismo electorado. Freile sacó el mismo nivel de apoyo en Rumipamba (25%) o Jipijapa (26%) que en Solanda (24%) o La Magdalena (24%).
Es decir, Freile trascendió la votación que cierto sector anticipaba para él como candidato de centro-derecha, y alcanzó un apoyo electoral fuerte también en los territorios que votaron fuertemente a Yunda y a Muñoz.
La pregunta para este año es: Wilson Merino es un candidato que se parece más a Pedro José Freile del 2023, o que va a ocupar el mismo nicho que Andrés Páez. ¿Su labor como concejal le da suficiente favorabilidad y nivel de conocimiento como para captar votos de manera transversal en todos los territorios de la ciudad y no sólo en un nicho del electorado?
Eso nos lleva a un último punto. Para pensar siquiera en la estructura y distribución de la votación de un candidato, el candidato debe ser lo suficientemente conocido y contar con una imagen suficientemente positiva como para captar votos. Como sugeríamos en otro análisis, el nivel de conocimiento e imagen positiva son factores determinantes para la intención de voto, especialmente en ciclos electorales tan cortos.
Una medición de Informe Confidencial de mayo de 2022, faltando todavía varios meses para las seccionales de 2023, mostraba que Andrés Páez era conocido por 56% del electorado y que 43% tenía una imagen negativa de él. Pedro José Freile era conocido por el 53% del electorado, y 37% tenía una imagen negativa de él. Aún no he visto mediciones de la imagen y el nivel de conocimiento de Wilson Merino, pero estos números de 2022 son puntos de referencia informativos para tener idea de lo que necesita un candidato para alcanzar un cierto nivel de votación.
En fin, pensarlo así me parece más útil que simplemente hablar de estimaciones que un modelo arroja. Sin un marco conceptual para interpretar los números, una proyección electoral no resulta muy informativa.





Qué bien, volvió La Parte Honda ✊🏾