Los dos números más interesantes a siete meses de las elecciones seccionales
A estas alturas, la intención de voto es poco predictiva del resultado. Otros datos son bastante más informativos
Si usted sigue esta newsletter, sin duda sigue la política de cerca y no debo contarle que las elecciones seccionales en Ecuador, que estaban previstas para febrero de 2027, fueron adelantadas y ahora se realizarán el 29 de noviembre de 2026. En las elecciones seccionales los ecuatorianos eligen alcaldes en todos los cantones, prefectos en todas las provincias, otras autoridades locales de circunscunscripciones más pequeñas, y miembros del organismo ciudadano de control —el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS).
Este es un post corto a propósito de las elecciones seccionales de noviembre. Como siempre, gracias por leer, y si le gusta, le invito a compartirlo —JRS
La semana pasada nos regaló varias encuestas que avivaron la perenne discusión sobre la calidad de las firmas encuestadoras porque los números de aprobación del presidente Noboa, y otros indicadores, eran bastante diferentes dependiendo de la encuesta. Ha habido bastante conversación pública al respecto.
Lo que no vimos fueron números directamente relacionados a la contienda electoral rumbo a las elecciones seccionales de noviembre de este año: intención de voto, favorabilidad, indecisión, ni nada específico sobre ningún precandidato. Me imagino que las mediciones deben existir, pero no están disponibles para el público.
Mientras esperamos que las mediciones empiecen a circular públicamente, a estas alturas es bueno recordar que los números de intención de voto, que a veces muestran a un candidato despuntando adelante del pelotón, son más un indicador del nivel de conocimiento del candidato. De hecho, no son muy predictivos del resultado de la elección.
Más o menos a estas alturas antes de las elecciones seccionales de 2023, la relación entre nivel de conocimiento y opinión desfavorable de los candidatos en la contienda por la alcaldía de Quito se veía así:
Sólo Jorge Yunda, el alcalde en funciones, destacaba como un candidato diferente al resto: apenas 14% de la población decía “no conocerle”, pero —y esto es clave— alrededor de 54% decía tener una opinión desfavorable de él. Tener una opinión sobre él era, en sí mismo, dependiente del nivel de familiaridad. Es más difícil tener una opinión sobre una persona desconocida.
Pabel Muñoz, Andrés Páez y Pedro José Freile eran mucho menos conocidos. El porcentaje de la población que decía “no conocerles” estaba por encima del 40-50% en mayo de 2022. De ellos, Páez tenía una alta opinión desfavorable (43%). Freile y Muñoz, en cambio, tenían un nivel de opinión desfavorable más bajo; es decir, eran candidatos que tenían al mismo tiempo más espacio para darse a conocer y más oportunidades de formar imagen positiva en el electorado. Como dicen los encuestadores, ambos candidatos tenían un “techo más alto”.
En el resultado final, Muñoz ganó con 25%, Yunda y Freile empataron prácticamente con 22%, y Páez sacó 13%.
En elecciones obviamente muchas variables influyen en el resultado, pero algunas parecen ser medianamente predictivas del crecimiento de un candidato durante el ciclo electoral. Estuve buscando mediciones más adelante en la contienda, pero no tan cerca a la elección, para ver si corroboraban esta idea, y lo que encontré me pareció más o menos interesante.
En octubre de 2022, Perfiles de Opinión y Market Asesores hicieron públicas sus mediciones de intención de voto. La comparación entre intención de voto en octubre de 2022 y la medición del nivel de conocimiento de mayo de 2022 (punto de partida) se ve así:
En octubre de 2022, cuatro meses antes de las elecciones, Yunda era el candidato de mayor intención de voto, pero también era el candidato que había arrancado con un nivel de conocimiento significativamente más alto. Gozaba de todas las ventajas que tiene un incumbent buscando la reelección.
Páez, Muñoz y Freile le seguían detrás. La distancia con respecto a Yunda y el orden específico entre ellos era diferente dependiendo de la encuesta, pero los tres estaban más o menos al mismo nivel. Me habría encantado ver datos de familiaridad a esas alturas, pero no los encontré.
Notablemente, las candidatas mujeres Luz Elena Coloma, Luisa Maldonado, María José Carrión y Jéssica Jaramillo, todas empezaron con niveles comparables de familiaridad y niveles relativamente bajos de opinión desfavorable. Al cabo de algunos meses, las mediciones mostraban que su intención de voto era más baja comparada con los candidatos hombres. En el resultado final, todas alcanzaron una votación por debajo del 4%. La discusión sobre los efectos del género de los candidatos en Ecuador es una conversación diferente.
Retomando, lo que estos datos desenterrados de las elecciones seccionales anteriores sugieren es que el adelanto de las votaciones acorta el tiempo para darse a conocer y construir una imagen positiva, lo cual favorece a los candidatos que ya son figuras públicas familiares para el electorado, especialmente si su imagen no genera mucha resistencia. La irrupción de un outsider es posible pero parecería ser más difícil con un ciclo electoral tan corto, y las posibilidades de cualquier candidato parecen depender en parte —pero en gran parte— del nivel de favorabilidad de partida.




