¿Qué pasó en la segunda vuelta?
Una revisión de los resultados y las hipótesis que teníamos
Al momento de revisar los datos para este post, la página del Consejo Nacional Electoral del Ecuador indicaba que se habían procesado alrededor del 99% de las actas a nivel nacional. Inevitablemente habrá pequeñas diferencias entre los números aquí y los números finales cuando termine el conteo.
Daniel Noboa acaba de ganar las elecciones presidenciales en Ecuador, imponiéndose 56-44% contra la candidata de la Revolución Ciudadana, Luisa González. Noboa recibió 1.3 millones de votos por encima de la votación que recibió en la primera vuelta de febrero, mientras que González acumuló apenas alrededor de 160 mil votos adicionales en la segunda vuelta electoral.
Un resultado así estaba por fuera de las expectativas de la mayor parte de la conversación pública hasta antes del domingo. ¡Ciertamente estaba por fuera de mis propias expectativas después de haber analizado la votación de la primera vuelta! Lo que yo y otros esperábamos era, más bien, una contienda apretada y un resultado impredecible.
Los resultados electorales merecen siempre una explicación y —créame— desde la noche del domingo he intentado entender lo que pasó. Una ventaja tan grande a favor de Noboa no era lo que yo esperaba. No me atrevería —y es irresponsable— decir que ocurrió algo irregular en la elección. Simplemente me parece que se produjo un desenlace posible pero de muy baja probabilidad.
En términos de explicación, es temprano para afirmar nada conclusivo con apenas datos a nivel provincial (los únicos disponibles públicamente al momento). Con datos más desagregados, las cosas siempre se aclaran un poco, pero el CNE aún no los publica.
De todos modos, quiero ofrecer una interpretación de los resultados a través del marco conceptual que he utilizado para entender toda esta elección desde diciembre del año pasado.
Lo digo así porque desde que cerraron los comicios hemos visto todo tipo de especulaciones que intentan explicar el resultado —desde la prohibición del uso de celulares, hasta la participación en la votación de los adultos mayores, pasando por las amenazas a la dolarización, la fiesta de los asambleístas de la RC en Esmeraldas, los bonos entregados por el Presidente, el fracasado acuerdo con Pachakutik, el miedo a convertirnos en Venezuela y, la mañana después de las elecciones, la idea de que mostrarse como una mujer tan dura le jugó en contra a Luisa González.
Conocidos los resultados, cualquier especulación adquiere el status de explicación y se convierte en una verdad incontrastable. Así no debería funcionar el análisis.
Si lo que ahora dices no ha sido parte del marco conceptual que has usado todo este tiempo —un aparato internamente consistente, con supuestos explícitos y un modelo claro para establecer hipótesis antes de la elección y buscar evidencia después— cualquier explicación ad-hoc que inventes después de conocidos los resultados no es análisis sino especulación.
El estancamiento de la RC y la ventaja abrumadora de Noboa
Para ganar en segunda vuelta, Noboa sumó 1.3 millones de votos adicionales a los que había recibido en primera vuelta. González apenas sumó 160 mil votos. Para tener una idea de la proporción de lo que esto significa, piense que en la primera vuelta Noboa y González empataron con 4.5 millones de votos cada uno. Los otros 14 candidatos de la primera vuelta, juntos, acumularon 1.2 millones de votos. En la segunda vuelta hubo un poco más de votos válidos (detalles al respecto más abajo). Es como si Noboa se hubiera llevado absolutamente todos los votos de los demás candidatos en la segunda vuelta, y González hubiese recibido apenas una fracción de los votos adicionales disponibles.
Las cosas, por supuesto, no ocurrieron así —esto es sólo para tener idea de la magnitud de la diferencia entre ambos. En realidad González creció en algunos lugares y perdió votos en otros. De hecho, es muy notable que González haya perdido votos desde la primera vuelta en algunos territorios.
Luisa González perdió votos en Guayas, El Oro, Santo Domingo de los Tsáchilas y Loja, y creció muy poco en Los Ríos, Manabí y Esmeraldas. Perder votos con respecto a la primera vuelta —literalmente retroceder en el apoyo electoral en términos absolutos en una misma elección— es algo extremadamente inusual: significa que un segmento de votantes dieron el voto a la candidata en la primera vuelta, pero optaron por la alternativa en la segunda vuelta. ¿Cómo entender esto si, en teoría, las opciones en la papeleta presentaban un contraste irreconciliable?
La razón es que las opciones no eran un contraste irreconciliable para un segmento de electores.
Tema largo de conversación, pero un contexto de polarización no significa que todos y cada uno de los electores están polarizados. Decíamos en un artículo anterior, a partir del análisis de los resultados electorales a nivel de actas:
“Existe una zona de intersección donde quienes votan por Noboa tienen preferencias que podrían también permitirles votar por González. Y al revés también: una parte de los votantes de González parecen tener preferencias que les permitirían votar por Noboa.”
El maestro Simón Pachano, politólogo y profesor de FLACSO, en su columna del lunes 7 de abril hablando del voto negativo que emiten los electores, decía:
“La mayoría de los análisis ha tomado la votación obtenida por cada uno de los finalistas como una expresión de apoyo, como un voto positivo, lo que los induce a pensar que se trata de una decisión firme que se mantendrá para la segunda vuelta (...) Se ha puesto muy poca atención en el voto negativo, que es un voto volátil porque el objeto del rechazo es cambiante y por tanto está sujeto a mayores cambios que el voto afirmativo. Si se toma en cuenta esta realidad se puede asegurar que ninguno de los dos candidatos tiene asegurada la votación que obtuvo en la primera vuelta, ya que una parte de esta (...) puede cambiar de opinión en la segunda y volcarse a la otra candidatura”.
Pedro Donoso, reconocido analista político, afirmaba semanas antes de la elección que, “es altamente probable que Noboa pueda alimentarse del ‘voto blando’ de González”. Los resultados hacen suponer que esto efectivamente ocurrió.
Un análisis de Pablo Velasco a nivel de actas, con datos al momento disponibles sólo para los entes de control electoral, sugiere que en las juntas electorales donde Noboa tuvo su mejor desempeño en primera vuelta, Luisa González perdió votos en la segunda vuelta. No fueron votos que se convirtieron en votos nulos puesto que los nulos también disminuyeron. Son votos que la RC perdió y que cedió a la contabilidad de Noboa. El traspaso de votantes que en primera vuelta votaron por la RC y en segunda vuelta votaron por Noboa ocurrió en este segmento.
El análisis de Velasco también muestra que el crecimiento de la RC en las juntas electorales donde González tuvo mejor desempeño en la primera vuelta fue muchísimo menor que el crecimiento de Noboa: Noboa absorbió la mayoría de los votos que en primera vuelta fueron a los otros candidatos.
En primera vuelta, González recibió una combinación de votos "duros" de la RC —aquellos que han votado por la RC como primera opción en elecciones anteriores y nunca consideran ninguna otra opción—; votos "blandos" —aquellos que votan por la RC pero estarían dispuestos a votar por otra opción—; y votos "frágiles" —aquellos que nunca han votado por la RC en primera vuelta pero esta vez lo hicieron, por las razones que sean. Son estos votos frágiles los que se perdieron entre la primera y la segunda vuelta, al vaivén de la coyuntura y en el contexto contingente de esta elección.
Pero en una elección, la punta del iceberg da pistas del movimiento de la masa bajo el agua.
Fuera del contexto de esta elección en particular, ha habido un movimiento más lento, tectónico, sostenido, durante los últimos tres ciclos electorales. Que la RC haya perdido votos en Guayas o El Oro corrobora cierta evidencia que sugiere una erosión del apoyo electoral de la RC en varias provincias, que conforman algunos de sus bastiones más importantes. Piense en los ciclos anteriores.
La participación de Andrés Arauz en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2021 marcó el punto más bajo en el desempeño electoral del correísmo en la última década. En la primera vuelta de 2023, Luisa González mostró signos de recuperación aparente, aunque algunos advertimos importantes fisuras.
La razón era que González en 2023, a pesar de competir contra un número menor de candidatos en la papeleta comparado con Arauz, apenas logró superar el nivel de votación alcanzado por el candidato de la Alianza Unión por la Esperanza en el 2021. Lo que es más, en medio de esa recuperación, el desempeño de González retrocedió con respecto a Arauz en Guayas, El Oro, Los Ríos y Manabí, todos bastiones del correísmo.
El retroceso de González entre la primera y la segunda vuelta de 2025 en ciertas provincias coincide con un retroceso lento pero que se advierte desde 2021.
¿A dónde fueron los votos de Leonidas Iza?
Desde la primera vuelta insistimos que era un error pensar que los votos de Iza pasarían automáticamente a la RC. Al contrario de esa intuición, y después de un análisis detallado de los votos de Pachakutik en la Sierra Centro, Pichincha, y otras provincias, la hipótesis fue más bien que la ligera mayoría de los votos de Iza se repartirían entre Noboa y el nulo en segunda vuelta.
La razón es que la porción mayoritaria de los votos del candidato de Pachakutik venía de territorios que regularmente habían votado en contra del candidato del correísmo en las últimas elecciones. A la luz de los resultados, esta hipótesis parece haberse corroborado, pero la magnitud del traspaso todavía es una pregunta abierta. Quiero ver datos desagregados por parroquias para evaluar esto de mejor manera.
Preliminarmente, alrededor del 43% de los votos de Iza salieron de las cinco provincias de la Sierra Centro (Cotopaxi, Chimborazo, Tungurahua, Bolívar y Cañar). De esas, las dos provincias de mayor apoyo a Iza —Cotopaxi y Chimborazo— son las provincias donde ciertamente la RC creció más con respecto a primera vuelta, pero también donde Noboa creció aún mucho más. Cotopaxi es, de hecho, la provincia donde Noboa más creció en todo el país. La misma figura otra vez:
Reitero: con datos a nivel provincial tenemos pistas pero no certezas. Tengo curiosidad de saber lo que pasó en Saquisilí, Pujilí, Colta, Sigchos, Salcedo, etc., los cantones de mayor apoyo a Iza en la primera vuelta. Por ahora, los datos a nivel de juntas electorales de Velasco sugieren que la hipótesis sobre la capacidad de Noboa de absorber la mayoría de votos se sostiene sobre la evidencia:
En las juntas donde Iza tuvo su mejor desempeño en la primera vuelta, muchas de ellas casi seguro ubicadas en los cantones que mencioné más arriba, es Noboa —y no González— quien absorbió la mayor cantidad de votos.
Mi hipótesis para los votos de Iza en Pichincha, en cambio, era que la ligera mayoría de estos se irían con la RC. Otra vez, necesitamos datos más desagregados para evaluar esto más claramente. La RC, en Pichincha, creció muy poco entre la primera y la segunda vuelta de 2025.
Votos nulos, blancos y total de votos válidos
En la segunda vuelta hubo más votos válidos, es decir, del total de votos emitidos, la proporción de votos blancos y nulos fue menor comparada con la primera vuelta.
La interpretación de estos resultados que ofrezco aquí no parece ser un producto artificial de cambios en la masa del electorado en su conjunto, pero algunas cosas se deben evaluar con datos desagregados —por ejemplo, si el nulo afectó más a un candidato o a otro en un determinado territorio.
Entre la primera y la segunda vuelta, los votos blancos disminuyen siempre —las razones han sido documentadas y tienen que ver con los electores que depositan un voto válido cuando hay menos opciones en la papeleta. En la segunda vuelta, del rubro de votos blancos que disminuyeron se incorporaron alrededor de 140 mil nuevos votos válidos al conteo. Nada para afectar la diferencia del ganador.
Los votos nulos se mantuvieron prácticamente al mismo nivel entre la primera y la segunda vuelta en términos de porcentaje (alrededor del 6.8%), pero al haber más votos emitidos en la segunda vuelta eso significa que hubo menos votos nulos en términos absolutos. Si el voto nulo afectó a uno de los finalistas más que al otro porque vino sistemáticamente de los votos que en primera vuelta fueron a un determinado candidato o vinieron de un determinado territorio, es algo que no podemos adjudicar con los datos provinciales disponibles al momento.
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Revisados los números, lo que queda es la pregunta importante: por qué Noboa ganó tan abrumadoramente. Esas preguntas nunca se pueden responder el día después de las elecciones. Si bien la elección ya terminó, el análisis del porqué recién empieza.
Los temores sobre la dolarización, el miedo a que Ecuador se convierta en Venezuela, la memoria de la persecución y el autoritarismo de Correa, la retórica de los dirigentes, los escándalos de corrupción, las amenazas a la libertad de prensa, la aprehensión sobre el manejo fiscal, la relación con el Banco Central, etc.; todas esas narrativas han estado presentes desde hace años. ¿Por qué la ventaja tan grande de Noboa ahora, en esta elección de segunda vuelta?
¿Acaso porque el CNE prohibió el uso de teléfonos celulares en las urnas? ¿Había entonces extorsiones en todo el país de manera generalizada en la primera vuelta? Sólo así se explicaría un desempeño a ese nivel de Noboa en la segunda vuelta, en todos los territorios, independientemente de su ubicación geográfica, densidad poblacional, características demográficas o indicadores de criminalidad.
Tal cosa se puede investigar —si el desempeño de Noboa mejoró o el de la RC disminuyó desproporcionadamente en parroquias o cantones con ciertos indicadores de criminalidad. Pero un ascenso de Noboa tan generalizado no da para suponer que tan sólo prohibir el uso de celulares liberó a un electorado de 1.3 millones de electores para votar genuinamente según sus preferencias sin miedo a ser víctimas de extorsión.
Si hay una tendencia que se puede entrever, que va en ascenso y a la que esta elección brinda un punto más de evidencia, es la preponderancia del voto negativo en el electorado del Ecuador de la actualidad. Volviendo a Pachano:
“Se puede asegurar que Luisa González logró en la primera vuelta neutralizar el voto negativo que afectó a los candidatos correístas en las tres elecciones anteriores, incluida ella misma en la última. Superó el voto de rechazo y con ello rompió el techo del correísmo sin Correa (...) Pero alimenta el voto anti cuando se empeña en hacer suyos los diez años del correato, que es precisamente el combustible para el rechazo.”
Mejores descripciones del dilema del correísmo hay muy pocas.










Además, si pudieras hacer una entrevista seria genial para nosotros.!!!
Nosotros desde México hicimos este analisis https://open.substack.com/pub/poderypartidos/p/duro-golpe-a-la-izquierda-en-ecuador?utm_source=share&utm_medium=android&r=4b561b