¿Qué mismo pasó en las elecciones anteriores? (Parte 2)
Y por qué debe importarle pensando en las elecciones que vienen
En caso de que no lo haya visto, este artículo es la parte 2 de un análisis sobre lo que pasó en las elecciones presidenciales de hace siete meses en Ecuador, y de las tendencias en la votación que se observan y que son relevantes para cualquier elección venidera, incluyendo la consulta popular del próximo domingo. Si no ha visto la parte 1 publicada el lunes, le invito a revisarla. Como siempre, si le gusta lo que lee, le invito a compartirlo —JRS
*El análisis de las transferencias de votos entre primera y segunda vuelta que aparece en este artículo fue realizado por Ricardo Viteri, analista electoral y co-fundador de Cálculo Electoral.
**Algunos párrafos en la primera parte son extractos de un artículo que está por salir en la Revista Uruguaya de Ciencia Política, escrito por John Polga-Hecimovich y yo.
Para abrir reiterando algo que dijimos en la parte 1 de este análisis y que sirve para enmarcar el artículo de hoy:
El argumento del fraude electoral se sostiene sobre una observación evidente: es muy inusual que la candidata finalista de la Revolución Ciudadana (RC), Luisa González, no haya aumentado prácticamente en nada su votación entre primera y segunda vuelta, mientras que Daniel Noboa, el ganador de la elección, parece haberse llevado todos los votos que habían ido a los otros candidatos en primera vuelta. Es más, en algunos lugares, González disminuyó en votos.
Pues sí. Es inusual. Pero la razón no es que hubo fraude, sino que la distribución de votos en primera vuelta fue extremadamente inusual y dejaba ya poco espacio para crecer a la candidata de la Revolución Ciudadana. Necesariamente hay que abordar los detalles.
Una primera vuelta muy inusual
En términos históricos, la primera vuelta electoral fue extremadamente inusual en la distribución de la votación para presidente. Usualmente, alrededor de cuatro candidatos (o más) obtienen entre el 85% y 90% del total de los votos para presidente en primera vuelta, y luego los dos primeros lugares disputan la presidencia en segunda vuelta. En 2025, de manera sin precedentes, apenas dos candidatos, Noboa y González, acapararon casi el 90% de los votos de primera vuelta. Leonidas Iza, candidato de Pachakutik, partido político de izquierda y representación electoral del movimiento indígena ecuatoriano, alcanzó el tercer lugar con alrededor del 5% de la votación. El restante 5% se distribuyó entre los otros trece candidatos que participaron en la contienda.
Hay varias razones que produjeron esta distribución de la votación. El ciclo electoral de 2025 se produjo apenas quince meses después de las elecciones anticipadas de 2023 que llevaron a Noboa a la presidencia por primera vez para terminar el período de Guillermo Lasso. El reglamento electoral estableció una campaña de muy corta duración, lo cual hacía más difícil la participación de candidatos nuevos que tenían poco tiempo para inscribir su candidatura y darse a conocer en el electorado. González y Noboa, por su parte, eran candidatos ya conocidos que habían disputado la primera y segunda vuelta de las elecciones de 2023 con los mismos movimientos políticos y prácticamente las mismas plataformas de campaña.
Era como si al haber transcurrido tan poco tiempo entre las elecciones, el electorado no hubiera otorgado espacio para considerar otras alternativas y hubiera votado en la primera vuelta de 2025 con las mismas preferencias que lo hizo en la segunda vuelta de 2023. Por otro lado, el contexto de criminalidad, crisis económica y crisis energética sirvieron como factores que concentraron la atención sobre dos actores principales: el gobierno de Noboa, encargado de gestionar las crisis, y su antagonista principal, el correísmo. Los electores se enfrentaron a una papeleta con varios nombres, pero votaron efectivamente entre sólo dos opciones.
Los resultados son un tema de verdad objetiva. Su interpretación es un tema de opinión. Inmediatamente después de la primera vuelta de 2025, la interpretación generosa de los resultados de la RC apuntaba que “el correísmo había roto su techo de alrededor de 32-33% en primera vuelta de las elecciones anteriores, alcanzando un inesperado 44%”. Con el beneficio de conocer los resultados de la segunda vuelta, igualmente ahora podemos decir, como interpretación, que al haber alcanzado el 44% en primera vuelta, la RC estaba cerca del techo que había encontrado en las elecciones anteriores en segunda vuelta, y que tenía poco espacio para crecer.
En las siete provincias más grandes en número de votos, la votación de la RC con respecto a la primera vuelta creció en sólo 5% en Manabí y Los Ríos, y apenas 3% en Pichincha. En las demás provincias (Guayas, Azuay, El Oro y Tungurahua) su votación no creció o incluso disminuyó.
En comparación con la RC, el crecimiento de la votación de Noboa se ve astronómico pero bastante comprensible: en la segunda vuelta de 2023 Noboa alcanzó el 52% de los votos válidos. Considerando su votación en primera vuelta de 2025, Noboa tenía bastante más espacio para crecer. ¿De dónde vinieron los votos que permitieron ese crecimiento? Evidentemente, de la votación de los otros candidatos. De entre ellos, el caso de Leonidas Iza es el más interesante.
¿A dónde fueron los votos de Leonidas Iza?
El tercer lugar en las elecciones de primera vuelta lo ocupó Leonidas Iza, el líder indígena y candidato de Pachakutik. Alcanzó apenas el 5% de la votación, pero la distribución de sus votos recibió mucha atención camino a la segunda vuelta electoral. Días antes de la segunda vuelta, Iza finalmente expresó su respaldo a González, y esto fue otro de los motivos de desconcierto para algunos con respecto a los resultados.
En política electoral una cosa son las declaraciones de los líderes y dirigentes, y otra es el comportamiento electoral de los votantes. Iza tuvo su apoyo más fuerte en la Sierra central, la región predominantemente rural de mayor población indígena y campesina del país. Esta parte del país es, además, una región que en la última década ha otorgado su apoyo electoral mayoritario en segunda vuelta al candidato no-correísta. La pregunta en 2025 era si el liderazgo y la capacidad de negociación de Iza podían revertir esta tendencia y dirigir una porción importante de su votación en primera vuelta hacia la candidata Luisa González en segunda vuelta. Los resultados sugieren que no. Las elecciones de 2025 no fueron la excepción a la regla.
Iza tuvo su mejor desempeño en la primera vuelta en las parroquias de mayor población rural y campesina en detrimento de Noboa, quien se desempeñó mejor en las parroquias urbanas y de baja o nula población indígena. La votación de González en la Sierra centro fue bastante uniforme, bordeando el 30% de los votos, independientemente de la composición étnica de las parroquias.
Cómo leer la figura: el eje horizontal muestra el porcentaje de población indígena en cada una de las parroquias rurales de las cinco provincias de la Sierra Centro. Cada círculo representa a una parroquia. El tamaño de los círculos representa el número de electores por parroquia. En el eje vertical se muestra el porcentaje de apoyo recibido por cada uno de los tres candidatos. Las líneas de tendencia facilitan la lectura porque son un resumen de la dirección de la tendencia general para cada candidato (por ejemplo, en el caso de Noboa, a mayor porcentaje de población indígena por parroquia, menor es el porcentaje de votación recibido).
Entre primera y segunda vuelta, la votación de Noboa creció en todas las parroquias, pero especialmente creció más en las parroquias que habían apoyado más fuertemente a Iza en la primera vuelta. Es decir, la mayoría de votantes que apoyaron a Leonidas Iza en las parroquias de mayor población indígena y campesina se volcaron hacia Daniel Noboa en la segunda vuelta. Luisa González creció considerablemente menos en esas parroquias.
Cómo leer la figura: exactamente igual que la figura anterior, pero ahora agregamos la votación de Noboa y González en la segunda vuelta electoral. La distancia entre ambas líneas, la de primera y segunda vuelta para cada candidato respectivamente, muestra el crecimiento de su votación.
El caso de Saquisilí, en la provincia de Cotopaxi, es ilustrativo. Saquisilí fue el cantón de mejor desempeño del candidato indígena en la primera vuelta, y Cotopaxi es al mismo tiempo un bastión del movimiento indígena ecuatoriano y el lugar donde nació y creció Iza. En la primera vuelta, Iza recibió el apoyo del 44% de los votantes en ese cantón. Noboa alcanzó ahí apenas el 27% y González el 17%. Pero en la segunda vuelta, el electorado del cantón se volcó abrumadoramente por Noboa, quien alcanzó el 61%, mientras que González logró el 29%, sumando apenas 12 puntos por encima de su votación de primera vuelta.
La disminución en el voto de la RC
Hasta ahora hemos dicho que el crecimiento de Noboa es comprensible porque era el candidato que tenía más espacio para crecer, y que la votación de Noboa en segunda vuelta en los territorios donde Iza tuvo su mayor apoyo no sorprende sino que se apega a la tendencia de la votación de los territorios indígenas de la última década.
Lo que no hemos abordado directamente es la disminución del apoyo de la RC entre primera y segunda vuelta. Como se sabe, este es uno de los pilares de la acusación de fraude electoral de una parte de la RC, y consiste en que ciertas papeletas electorales fueron alteradas al ser tratadas químicamente antes de la elección para que puedan absorber la tinta de un lado de la papeleta, transfiriendo efectivamente la línea marcada por el votante de un lado al otro, convirtiendo físicamente los votos por Luisa González en votos por Daniel Noboa.
Hay que abordar el argumento en dos pasos: primero, hay que evaluar la idea misma de la disminución de votos, y segundo, hay que estimar aproximadamente el traspaso de votos entre primera y segunda vuelta.
¿Es concebible que el correísmo haya perdido votos entre primera y segunda vuelta? Por supuesto que sí. Para reiterar, el correísmo alcanzó, de manera inédita en las elecciones recientes, el 44% de los votos válidos en la primera vuelta electoral. La única manera de haber llegado a ese nivel de apoyo electoral es habiendo recibido el apoyo de tres segmentos del electorado: la base dura (los votantes que votan por la RC siempre y sin considerar ninguna otra opción), el voto “blando” (los votantes que en las encuestas dicen preferir el correísmo pero estar abiertos a considerar otra opción), y los votantes nuevos y frágiles (aquellos que nunca habían votado por la RC en primera vuelta, pero esta vez lo hicieron por las razones que fueran).
Para entenderlo conceptualmente, la votación de la RC en una primera vuelta en condiciones normales se compone de los primeros dos grupos únicamente. La votación de primera vuelta en 2025, al ser extraordinaria y ocurrir como si ya fuera una votación de segunda vuelta, incluye al tercer grupo. Pero el tercer grupo es el grupo más frágil por definición. Los ejemplos ajenos siempre ayudan a entender las cosas con más claridad.
En el contexto de los Estados Unidos, la votación de Donald Trump incluye votos de diferentes grupos demográficos. Una de las novedades de las elecciones de 2024 fue que una parte importante del segmento de jóvenes latinos votó por Trump y no por la candidata demócrata como había ocurrido antes. Al cabo de algunos meses de gestión (pero antes de la activación de ICE y el aparato de deportación), las encuestas ya mostraban que era precisamente entre los jóvenes latinos en donde Trump perdía más favorabilidad y aprobación comparado con otros grupos demográficos. Son siempre los votantes más nuevos y más frágiles los que se viran primero porque no tienen lealtades ideológicas ni partidistas establecidas. En la primera vuelta de 2025 en Ecuador ocurrió algo parecido. Hubo muchos nuevos votos para la RC que vinieron de votantes que no tenían lealtades ideológicas, partidistas o identitarias que les vinculen sólidamente a su voto. Era absolutamente posible que algunos de estos votos se podían perder entre primera y segunda vuelta.
Pero la acusación del fraude es específica: algunos representantes de la RC dicen que votos que fueron a González se transformaron en votos por Noboa. Obviamente, es imposible comprobarlo. Ni usted y yo lo sabremos a ciencia cierta, pero el debate no ha avanzado y el fantasma del fraude no ha desaparecido. Hasta ahora, además, no he visto un análisis cuantitativo al respecto. Lo que viene a continuación es un intento.
Ricardo Viteri, co-fundador de Cálculo Electoral, ha venido haciendo estimaciones de transferencia de votos entre primera y segunda vuelta desde hace varios años. Quiero explicar primero en qué consiste su metodología de manera intuitiva. Imagine que yo le entrego los resultados de primera y segunda vuelta, y le pido que para cada candidato que recibió votos en la primera vuelta usted distribuya esos votos entre las opciones de segunda vuelta haciendo coincidir la repartición con el resultado oficial. Literalmente, le estoy pidiendo que usted decida, por ejemplo, de los votos de Henry Cucalón, cuántos deberían ir a Noboa, cuántos a González, cuántos se convierten en votos blancos, y cuántos se convierten en votos nulos. Hay, literalmente, millones de posibilidades. De los votos de Cucalón usted podría distribuir todos a Noboa, o podría distribuir el 95% a Noboa y el 5% al nulo, o 50% a Noboa y 50% a González, y así para todos los candidatos. La única restricción es que, al final, la repartición debe coincidir con el resultado oficial.
Ahora imagine que le impongo la siguiente restricción. Imagine que le pido que haga este ejercicio de distribución, adivinando la transferencia de votos de primera a segunda vuelta, pero le digo que su distribución debe coincidir con el resultado oficial nacional, pero además con el resultado oficial para cada una de las provincias. Las posibilidades siguen siendo muchas, pero son menos que antes. Al respetar el resultado oficial de cada provincia, ahora usted elimina algunas alternativas porque resultan imposibles. Por ejemplo, si Daniel Noboa en Manabí sacó 380 mil votos, la suma de todas las transferencias para él que usted coloca en esa provincia no puede superar ese número de votos. Así para las 24 provincias. El juego ahora es como un cubo de rubik: cada movimiento de una pieza afecta a las demás y todas deben coincidir internamente para ordenar el cubo por colores.
El análisis de Ricardo Viteri consiste en eso, pero sus restricciones implican que la repartición de votos (le decimos, la “distribución marginal”) debe ser internamente consistente conforme a los resultados oficiales para cada candidato y para cada una de las 1200 parroquias del Ecuador. A través de una herramienta de cálculo —el método se llama optimización lineal—, Ricardo estima así un conjunto de posibles soluciones para este problema. Cada valor de cuántos votos de candidato X fueron a candidato Y (le decimos, “coeficiente de transferencia”) es una estimación que, como cualquier otra, tiene un margen de error. La “mejor” solución del problema es la que tiene el menor margen de error en su conjunto. Reitero: es imposible saber a ciencia cierta lo que pasó entre primera y segunda vuelta a partir de los resultados oficiales, y este método debe leerse como aquello que ocurrió más probablemente dados los resultados observados.
La transferencia de votos entre primera y segunda vuelta según este análisis se ve así:
Cómo leer la tabla es importante. En primera vuelta, Noboa y González empataron 44-44% en porcentaje sobre votos válidos. Los votos blancos y nulos no son parte de los votos válidos. Para este análisis usamos los votos totales (incluyendo blancos y nulos) porque alguien que votó por un candidato en primera vuelta puede votar nulo en segunda, y viceversa. Sobre votos totales, Noboa y González empataron 40-40% (redondeando, para facilitar la lectura). La celda superior izquierda (39.8%) indica que del total de votos que fueron a Noboa en primera vuelta (ese casi 40%, redondeando) prácticamente la totalidad —ese coeficiente de 39.8— fueron a Noboa en la segunda vuelta. Otra forma de expresar lo mismo sería decir que de todos los votos que fueron a Noboa en primera vuelta, prácticamente la totalidad —prácticamente el 100%— fueron a Noboa en la segunda vuelta.
La columna de la tabla que interesa es la segunda. Como dijimos, Luisa González alcanzó alrededor del 40% de los votos totales de la primera vuelta. En la segunda columna, leyendo de arriba a abajo, los coeficientes indican que 0 de ese 40 pasó de González a Noboa, 37.5 de ese 40 se mantuvo con González en la segunda vuelta, 1.6 fue a González en primera y se convirtió en nulo en segunda, y 0.4 que fue a González en primera se convirtió en blanco en segunda.
Para decirlo una vez más: estas son estimaciones que tienen un margen de error. Considerando el margen de error, y entendiendo el método como acabamos de explicar, los datos parecen sugerir que Luisa González perdió más votos que se fueron al voto nulo y menos votos que se fueron a Daniel Noboa en la segunda vuelta. Como hemos señalado en otros análisis, hay un segmento del electorado cuyas preferencias les permitirían votar tanto por González como por Noboa de manera intercambiable (no hay polarización irreconciliable para estos electores), pero el análisis de transferencias de Viteri sugiere que el traspaso de González al nulo fue mayor en magnitud que el traspaso de González a Noboa.
¿Qué implican estos resultados más allá de la elección?
El fantasma del fraude, al igual que la negación o la evasión, es una forma de procesar los resultados. Si es más saludable sostener la idea del fraude o aceptar que, quizás, parte de los votantes que votaron por la RC tuvieron buenas razones para anular su voto en segunda vuelta, es un tema que corresponde a los dirigentes de la Revolución Ciudadana. Pero lo que es más difícil de negar es que, como mostramos en la parte 1 de este análisis, las elecciones de 2025 forman parte de una tendencia que empezó años antes.
Un incremento en la votación de la alternativa no-correísta de esta magnitud no se explica por factores que tienen que ver con, por ejemplo, la estrategia de comunicación o las decisiones tácticas de las campañas. No se produjo porque los videos promocionales de Luisa González estaban mal editados, o porque dos representantes de la RC aparecieron en televisión hablando de “dolarización a la ecuatoriana”. El incremento en el apoyo electoral de Noboa es trasversal: atraviesa varias regiones geográficas y varios grupos demográficos por igual. En términos de geografía, si bien se mantiene el esquema en donde las provincias de la Costa son las que más apoyan al correísmo y los territorios de la Sierra son los bastiones más importantes del voto no-correísta, las diferencias en esta ocasión parecen haberse debilitado. Territorios que hasta 2023 votaban mayoritariamente por el correísmo empezaron a reducir su apoyo por el movimiento del expresidente Correa por primera vez en 2025.
En el Ecuador de hoy, la inercia electoral es no-correísta. Los resultados de la consulta popular del domingo que viene pueden ser favorables o desfavorables para el gobierno, pero eso no elimina el hecho de que el movimiento general del electorado en los últimos ocho años ha sido hacia el debilitamiento del músculo electoral del correísmo. La expectativa razonable sería esperar que las preguntas promovidas por el gobierno ganen. Si pierden, o si ganan apretadamente, habrá que investigar en dónde y por cuánto para interpretar, en el contexto adecuado, la votación que está por ocurrir.
Para la RC, por su parte, quizás es esta la realidad que sería mejor aceptar. La tendencia de los últimos ocho años no se borra con tinta mágica.








