Las elecciones seccionales de noviembre en Ecuador no se van a realizar en condiciones normales.
A principios de 2026, la Fiscalía General del Estado inició una investigación contra varios dirigentes de la Revolución Ciudadana (RC), la actual representación política electoral del correísmo, por “presunta delincuencia organizada con fines de lavado de activos” (son los términos legales).
En marzo de este año, el Tribunal Contencioso Electoral, por pedido del Fiscal General del Estado, decretó la suspensión provisional de la RC, impidiendo su participación en las próximas elecciones seccionales de noviembre de 2026.
Quisiera escribir algún detalle adicional al respecto, pero no sé nada más. De hecho, nadie sabe nada más. La RC, una de las organizaciones políticas más importantes del Ecuador, fue suspendida por una investigación reservada que está en curso, y cuyos detalles no han sido divulgados ni siquiera a los acusados.
Con ese preámbulo, reconozco que la siguiente oración suena extraña. Este artículo es sobre las consecuencias de la suspensión de la RC para el desempeño electoral del correísmo.
Al no poder competir con su propio movimiento político, los miembros de la RC se inscribieron como candidatos de diferentes organizaciones aliadas para participar en las elecciones seccionales. Por ejemplo, Pabel Muñoz, actual alcalde de Quito electo en 2023 por la RC, participará como candidato por el Partido Unidad Popular y el Partido Socialista. Fiorella Ycaza, esposa de Aquiles Álvarez, alcalde de Guayaquil electo en 2023 por la RC, participará como candidata por el Partido Socialista. Luisa González, candidata de la RC a la presidencia en 2023 y 2025, intentó inscribirse como candidata a la prefectura de Manabí por Pachakutik pero el Consejo Nacional Electoral no admitió su candidatura.
Hay una historia particular detrás de cada uno de estos y otros casos, pero este artículo presenta una evaluación general en respuesta al sentido común sobre el voto duro del correísmo.
Cierta parte de la opinión pública sostiene que el correísmo cuenta con un voto fiel y movilizable —el llamado “voto duro”— que vota por los candidatos del correísmo independientemente de la bandera política que los cobije. Según esta intuición popular, los candidatos del correísmo pueden esperar la votación leal de siempre, sin importar los colores con los que aparezcan en la papeleta. Después de todo, afirma este sentido común, eso ha pasado en elecciones anteriores, por ejemplo cuando los candidatos del correísmo tuvieron un gran desempeño electoral en las elecciones generales de 2021 compitiendo como “Unión por la Esperanza”.
Al contrario de esta opinión popular, creo que hay razones para suponer que el correísmo tendrá un desempeño por debajo de su nivel usual de votación en las siguientes elecciones seccionales.
La razón principal es la ausencia de la marca RC en la papeleta.
Los partidos políticos son instituciones que cumplen varias funciones en el sistema democrático —representan intereses colectivos, forman de líderes y futuros candidatos como políticos profesionales, etc.
Pero desde el punto de vista del elector, los partidos son, más que nada, marcas que hacen más fácil tomar decisiones durante las elecciones.
Particularmente para los votantes que siguen la política menos de cerca o tienen poco interés en asuntos políticos —en ciencia política se les dice “votantes de baja información”— las marcas visibles de un partido político funcionan como atajos cognitivos para decidir por quién votar. No todas las personas de preferencias correístas están informadas sobre quiénes son los candidatos, peor aún han leído las propuestas o planes de gobierno, pero pueden identificar fácilmente por quién votar gracias al logo y los colores de la RC.
Póngase por un momento en los zapatos de un votante de baja información, alguien que no ha seguido de cerca las noticias de las alianzas que el correísmo ha hecho con otras fuerzas políticas para competir en las elecciones, y dígame si puede escoger con facilidad al candidato del correísmo para la prefectura de Pichincha en esta papeleta. La ilustración es de Emilio Domínguez.
Sin una marca visible que identifique claramente a los candidatos del correísmo, para varios electores es mucho más difícil encontrar a su candidato y votar conforme a su preferencia correísta. Factores pequeños como estos tienen un gran efecto en elecciones muy apretadas. Para ponerlo en perspectiva, recuerde que Pabel Muñoz ganó la alcaldía de Quito en 2023 con una ventaja de apenas 40 mil votos sobre el segundo lugar, Jorge Yunda, en una ciudad de 1.7 millones de electores. Diferencias de apenas unos cuantos miles de votos pueden cambiar el resultado.
No podemos anticipar la magnitud del efecto de la ausencia de la marca RC en las próximas elecciones de noviembre, pero podemos tener una idea del peso de la marca RC comparando lo que pasó entre las elecciones seccionales de 2019 y 2023.
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En las elecciones seccionales de 2019, el correísmo participó como Fuerza Compromiso Social (FCS). La razón, en breve, es que después de la posesión de Lenín Moreno en 2017, Alianza País (AP), la representación política electoral del correísmo, se dividió en dos: el bando leal al nuevo presidente y el bando de los disidentes, los correístas propiamente dichos, que se mantuvieron fieles al líder original de AP, Rafael Correa.
Estos últimos hicieron varios intentos de inscribir su propio partido político para participar en las elecciones seccionales de 2019 pero el Consejo Nacional Electoral no se los permitió. A fines de 2018, faltando apenas un par de meses para las seccionales, los candidatos correístas anunciaron que participarían en las elecciones a través de la lista 5 del movimiento Fuerza Compromiso Social.
Fuerza Compromiso Social (FCS) tuvo un desempeño bastante modesto en las elecciones seccionales de 2019. Participó con candidatos a alcalde en 49 cantones y no consiguió ninguna victoria. Sus únicas dos conquistas fueron las prefecturas de Pichincha y Manabí.
Cuatro años más tarde, el correísmo pudo competir con movimiento propio, el Movimiento Político Revolución Ciudadana legalmente inscrito. El desempeño electoral de la RC en 2023 fue significativamente superior. La diferencia entre 2019 y 2023 resulta muy ilustrativa del peso de la marca RC. A continuación, tres comparaciones para ilustrar este punto.
Primero. En 2023, los candidatos a alcaldes de la RC tuvieron un desempeño considerablemente mejor que los candidatos de FCS en 2019 en los territorios donde el correísmo normalmente recibe buena votación. Me refiero a los cantones en Esmeraldas, Guayas, Los Ríos o Manabí. Por ejemplo, en Esmeraldas, el candidato a la alcaldía de FCS, Xavier Toro, alcanzó un escaso 2% en las elecciones de 2019 compitiendo entre 13 candidatos. En 2023, Vicko Villacís de la RC alcanzó casi 30% compitiendo entre 11 candidatos, y se convirtió en el alcalde de la ciudad. La siguiente tabla muestra algunos ejemplos representativos.
No estoy escogiendo casos a conveniencia. Por supuesto hay pocas excepciones donde la RC en 2023 no mejoró el rendimiento electoral de los candidatos del correísmo comparado con FCS en 2019: Naranjito en Guayas, Vinces en Los Ríos, Montecristi en Manabí. Pero la regla general es que los candidatos de la RC captaron una proporción bastante superior del voto del mismo electorado —un electorado de inclinación mayoritariamente correísta— cuando participaron con una marca visible y directamente asociada al correísmo.
Segundo. En los cantones donde el mismo candidato compitió en 2019 y 2023, su desempeño fue mejor en 2023. De los 49 cantones donde el correísmo participó como FCS con candidato a la alcaldía en 2019, hay cinco casos donde el mismo candidato se presentó nuevamente para participar en las elecciones seccionales de 2023 como candidato de la RC. En casi todos los casos, el mismo candidato recibió una votación bastante superior cuando se presentó con la marca RC.
Tal como muestra la tabla, los casos de Manuel Panezo en Pedernales, Fausto Jarrín, padre del asesor del presidente Noboa, en Cayambe, o Daniel Andrade en Playas, muestran un incremento significativo en la votación del mismo candidato, literalmente. Una excepción es Alexandra Arce en Durán que ya alcanzó una votación bastante alta en 2019 con FCS (quedó segunda en la competencia por la alcaldía en ese año) y alcanzó prácticamente la misma votación en 2023 con la RC. La otra excepción es Fernando Guamán en Pasaje, que en ambos años consiguió una votación modesta.
Tercero. Alcaldes que ganaron la alcaldía con otro partido en 2019 y buscaron la reelección con la RC en 2023 alcanzaron una votación considerablemente superior. En Nobol/Piedrahita, Marvin Salas ganó la alcaldía en 2019 auspiciado por una alianza entre Centro Democrático, el movimiento Ecuatoriano Unido y el movimiento País. Ganó con 21%. En 2023 se presentó a la reelección como candidato de la RC y ganó con 60%, 39 puntos más. Wilson Erazo ganó la alcaldía de Santo Domingo en 2019 auspiciado por una alianza entre Democracia Sí y el movimiento local Construir Lista 100. Cuando se presentó a la reelección en 2023 con la RC ganó alcanzando 30 puntos más de votación. Darío Macas en Machala fue reelecto en 2023 cuando se presentó como candidato de la RC, alcanzando 8 puntos más.
Por supuesto, cuantificar el efecto de la marca RC es difícil y requiere de otro diseño de investigación, pero las tres comparaciones presentadas en este artículo sugieren que la marca RC tuvo un peso importante para los candidatos del correísmo que participaron en las elecciones de 2019 y 2023.
La ausencia de la marca RC en la papeleta este año podría tener un efecto negativo incluso mayor para los candidatos del correísmo.
En las elecciones de 2019, el movimiento político que cobijaba al correísmo fue anunciado tarde en el ciclo electoral, pero era un único movimiento. El anuncio fue explícito. Correa, el vocero más importante de esa época, lo anunció a través de su cuenta de Twitter, diciendo, “Quisieron enterrarnos, sin entender que somos semilla. Vamos a participar en las elecciones de marzo. La Revolución Ciudadana será lista 5.” El diseño de los productos visuales intentaba asociar a la lista 5 con el correísmo, el rostro de Correa aparecía en todos los posters promocionales de los candidatos.
Este año, tal como han señalado comentaristas como César Febres-Cordero, las cosas son más complicadas para el correísmo dado que no hay un único partido o movimiento que esté auspiciando a sus candidatos. Al contrario, son varios partidos y movimientos, diferentes en cada territorio. Decía Febres-Cordero hace unas semanas:
“El no poder lanzar en todo el país, o al menos en cada provincia, una sola alianza con un mismo nombre y los mismo integrantes hace difícil que los votantes menos informados, que son la inmensa mayoría, puedan ser movilizados con facilidad para votar por su opción preferencial. Mensajes cruzados, el direccionamiento impreciso de la publicidad en redes y [la posibilidad de que otros candidatos] puedan salir a decir que ellos son los verdaderos candidatos de Correa son todos factores que sumados pueden resultar en un desastre para la izquierda correísta, mermando un voto duro.”
Estoy de acuerdo con cada palabra. Tal es la importancia de un partido o movimiento político como marca. La falta de claridad en el mensaje hace más difícil captar los votos, especialmente de quienes prestan menos atención a la política pero que de todos modos están obligados a votar y no podrán recurrir al atajo cognitivo que brinda la marca del partido político de su preferencia.
Por eso, lo razonable es esperar que el correísmo alcance una votación por debajo de lo usual, contrario a la visión que cree que siempre se puede contar con el llamado “voto duro”, independientemente de las circunstancias.





