El espectro de la victoria en primera vuelta. Otra vez
Edición votos totales y votos válidos
Estoy tratando de escribir por lo menos un artículo a la semana en esta época electoral, y a veces dos. Si esta es su primera vez leyendo esta newsletter, ¡bienvenido! La parte honda es el nombre de mi newsletter, un nuevo proyecto personal. Si el contenido que encuentra aquí le aporta en algo, le invito a recomendarlo. Si quiere recibir esto directamente a su email, le invito a suscribirse. Si no, todo bien. Todo se puede leer gratis y sin suscripción —JRS
Un detalle poco conocido sobre George Gallup es que él no tenía pensado convertirse en encuestador electoral. Antes de ser uno de los padres de los estudios de opinión pública, Gallup era un columnista y un agente de marketing. Su tesis doctoral fue sobre cómo los lectores leían el periódico y sobre qué leían independientemente de lo que decían que leían cuando se les preguntaba. Se inició en el mundo de las encuestas electorales casi como una forma de probar que su método de muestreo era adecuado.
Fue, además, el primero en preguntarse si las encuestas electorales servían para algún fin social. Esa pregunta sigue abierta. La verdad, a mí me cuesta responderla.
Sólo quien hace encuestas sabe que las estimaciones —los “resultados”— son la consecuencia de un conjunto de decisiones metodológicas y prácticas, de las cuales absolutamente todas pueden afectar la estimación. Pero el mundo donde las encuestas se producen está bastante separado del mundo donde las encuestas se consumen. En el mundo donde las encuestas se consumen, a los números se les dota inevitablemente de un carácter de “verdad”. Una verdad que genera conversación, que provoca discusión.
En el episodio más reciente de la conversación sobre las próximas elecciones, una versión de esta verdad dice que Daniel Noboa está a punto de alcanzar la victoria en primera vuelta porque está a punto de cruzar el umbral del 50% de los votos válidos.
En Ecuador, para ganar en primera vuelta, un/a candidato/a debe sacar más del 40% de los votos válidos y superar al segundo lugar con por lo menos diez puntos; o sacar simplemente más del 50% de los votos válidos y punto. Es decir, hay dos formas de ganar en primera vuelta. Téngame paciencia.
La definición de “votos válidos” —a diferencia de votos “totales emitidos” — aquí es clave. Los votos válidos son la suma de los votos recibidos por todos los candidatos en la elección, y son los que se usan en el denominador para calcular el porcentaje que obtiene un determinado candidato, léase, el resultado oficial. En ese denominador no entran los votos blancos ni los votos nulos.
(Si usted es más visual, así se ve la fórmula)
Los votos totales emitidos son los votos válidos más los votos blancos y nulos. ¿Por qué esta distinción es importante? Porque las encuestas producen estimaciones sobre los votos totales: estiman los votos que cada candidato recibiría si las elecciones fueran hoy, pero además los votos blancos y nulos, y adicionalmente, por cierto, los indecisos. Esas estimaciones del voto de los candidatos se traducen, a veces, a lo que sería el resultado oficial con respecto a votos válidos (es decir, quitando los nulos y blancos).
Ese es precisamente el tema de conversación del momento a la luz de los datos más recientes de Comunicaliza. Quizás usted ya los ha visto. En la medición más reciente realizada entre el 22-24 de enero, que aparece apenas días después de la medición anterior, la estimación sobre votos totales y la conversión a votos válidos aparece así:
Al momento, 38% de las personas encuestadas dicen que votarían por el Presidente Noboa si hoy fueran las elecciones, 32% votarían por Luisa González, 8% votarían nulo o blanco, y 12% aún no ha decidido su voto. La conversión a votos válidos que ofrece Comunicaliza indica que ese 38% de los votos totales de Noboa se traduciría a 47% de los votos válidos. Y es esta cifra la que ha instalado la idea de que Noboa está muy cerca de cruzar el umbral del 50% de votos válidos y ganar en primera vuelta.
La conversión de 38 a 47 no me convence, pero creo que es inoficioso discutir los supuestos detrás de la matemática que se usó para calcular ese 47%. Creo que es más informativo considerar cómo los porcentajes de votos totales se han convertido en porcentajes de votos válidos en otras elecciones, y así poner las cifras actuales en perspectiva, y cuestionarlas.
La siguiente figura muestra estas conversiones en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2002-2023 para los primeros dos lugares. Además, muestra el porcentaje de nulos y blancos que, como dijimos, es importante para la conversión porque no entra en el denominador del cálculo. A mayor porcentaje de nulos y blancos, más se “infla” el porcentaje de votos válidos comparado con el porcentaje de votos totales.
Hay algunos escenarios comparables con el momento actual. En la primera vuelta de las elecciones anticipadas de 2023, Luisa González recibió 31% del total de votos, superando a Daniel Noboa con diez puntos (21%). Dado que el porcentaje de votos nulos y blancos fue 9%, el 31% de González y el 21% de Noboa se convirtieron en 34% y 23%, respectivamente, en el resultado oficial.
En las elecciones de 2021, Andrés Arauz obtuvo 29% y Guillermo Lasso alcanzó 17% de los votos totales. El porcentaje de nulos y blancos llegó al 13%, y los porcentajes de los candidatos se convirtieron en 33% para Arauz y 20% para Lasso en el resultado oficial.
Como consecuencia de un mayor porcentaje de voto nulo y blanco en 2021, el voto de Arauz en 2021 se “infló” en 4 puntos, mientras que el voto de González en 2023 se “infló” solamente en 3 puntos. Reiterando, a mayor porcentaje de nulos y blancos, más se infla el porcentaje de votos válidos comparado con el porcentaje de votos totales.
Por otro lado, el porcentaje del primer lugar siempre se “infla” más que el porcentaje del segundo lugar porque simplemente así funciona la división de un número más grande cuando se quitan los nulos y blancos del denominador.
¿Parece entonces verosímil la conversión del porcentaje de Noboa de 38% a 47%, con 8% de nulos y blancos, y 6 puntos de distancia con respecto a González? ¿Cómo puede el resultado de Noboa inflarse en nueve puntos?
Los supuestos detrás de esa conversión son propiedad intelectual de Comunicaliza, por supuesto, pero las entrevistas de su director permiten entender que el porcentaje sobre votos válidos se proyecta asumiendo una determinada distribución de los votantes actualmente indecisos.
Nuevamente, creo que es inoficioso discutir los supuestos y es más informativo revisar la evidencia empírica. Asumir que los indecisos se van a decantar de una manera extremadamente favorable para Noboa equivale a decir que Noboa va a subir significativamente en su intención de voto calculada sobre votos totales. Para ese escenario también hay precedente.
En 2009, Rafael Correa alcanzó el 45% de los votos totales emitidos en las urnas. Dado que el porcentaje de nulos y blancos fue 13%, relativamente alto en términos históricos, ese 45% de Correa se convirtió en 52% en el resultado oficial, siete puntos adicionales en la conversión.
En la elección de 2013, en el mejor momento de Correa, los nulos y blancos llegaron a 9%, algo más cercano al 8% que Comunicaliza está estimando al momento. Y ese aplastante 52% de Correa en las urnas, 30 puntos por encima del segundo lugar, se convirtió en 57% en el resultado oficial por efecto de la conversión. En esas condiciones, el porcentaje se infló en cinco puntos.
Hacer análisis no es leer encuestas. Es establecer cómo y bajo qué condiciones un determinado escenario puede ocurrir.
Reitero la pregunta. ¿Parece entonces verosímil la conversión del porcentaje de Noboa de 38% a 47%, con 8% de nulos y blancos, y 6 puntos de distancia con respecto a González? ¿Cómo puede el resultado de Noboa inflarse en nueve puntos? Nueve.
Una versión editada de este texto fue publicada en GK






