A menos de un mes de las elecciones: cómo calibrar las expectativas
(Especialmente si usted no tiene, no recibe o no cree en las encuestas)
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Tal como señalaba Santiago Pérez, director de la firma encuestadora Clima Social, en una reciente entrevista, el Ecuador acaba de entrar en aquel período donde los candidatos delanteros buscan desarrollar estrategias que les permitan acumular el mayor número de votos perdiendo los menos posibles.
La efectividad de las estrategias de comunicación y tácticas de campaña son materia de otro análisis (y de otro analista que tenga esa experticia). Lo que aquí hacemos normalmente es evaluar elementos estructurales, como el comportamiento del electorado en su conjunto, y establecer puntos de referencia que ayuden a calibrar nuestras expectativas de lo que podría ocurrir en las elecciones, reconociendo que en Ecuador, como reza la consabida frase, "todo puede pasar".
Ciertamente, todo puede pasar, pero algunas cosas son más probables que otras. Ahora que aún no sabemos cómo se va a desarrollar el resto de la campaña o lo que pasará en el debate presidencial, y faltando menos de un mes para la primera vuelta electoral, ¿cuáles serían las expectativas más razonables dado lo que ha ocurrido en elecciones recientes?
El techo de la Revolución Ciudadana
A pesar de la siempre invocada victoria en primera vuelta como si fuera inminente, lo cierto es que la Revolución Ciudadana ha visto mermado significativamente su músculo electoral en comparación con la década anterior. Lenín Moreno en 2017, compitiendo por el correísmo en Alianza País, alcanzó el 39% de los votos válidos. Cuatro años más tarde, la campaña de Andrés Arauz se empeñaba en colocar la idea de una aplastante victoria en primera vuelta, y algunos insistíamos en que el correísmo tenía un techo y que alcanzaría probablemente entre 32-36%. Arauz sacó 33%.
Luego, en las elecciones seccionales de 2023, varios candidatos de la RC ganaron prefecturas y alcaldías en todo el país, incluyendo las ciudades y provincias de mayor población. Esas victorias se interpretaron equivocadamente como expresión un gran músculo electoral que le permitiría al correísmo ganar en las elecciones presidenciales anticipadas de 2023. Lo cierto es que mirando en detalle, como algunos señalamos, las victorias en las elecciones locales no eran muestra de un incremento en el músculo electoral de la RC, y una victoria aplastante en las elecciones presidenciales era poco probable.
Los resultados de la primera vuelta de 2023 muestran una aparente recuperación de la Revolución Ciudadana con respecto a las elecciones presidenciales de 2021. En el resultado oficial, Luisa González alcanzó algo más del 33% de los votos válidos, cuando Andrés Arauz había alcanzado un porcentaje por debajo del 33%. Aparentemente, el músculo electoral del correísmo recuperó cierta votación en varios territorios —o por lo menos González no retrocedió con respecto a la votación alcanzada por Arauz.
Sin embargo, mirando con cuidado, hay dos elementos que sugieren, más bien, la presencia de importantes fisuras en el aparato electoral del correísmo.
En primer lugar, la recuperación en la votación se da principalmente en provincias pequeñas en número de electores, donde la votación por el correísmo venía retrocediendo desde los últimos tres ciclos electorales, y tal recuperación no es tan significativa cuando se considera el número de candidatos que participaron en la contienda.
En 2021 Andrés Arauz compitió entre 16 candidatos y Luisa González estuvo en una papeleta con apenas ocho candidatos. El efecto matemático del número de candidatos sobre los resultados no consiste, como la idea imprecisa de la "dispersión del voto" sugiere, en que a mayor número de candidatos cada candidato recibe menos votos. Hay, sin embargo, una diferencia categórica entre las contiendas de "muchos" candidatos, específicamente, más de 13; y todas las demás contiendas, que son los casos más comunes. En contiendas de más de 13 candidatos, los primeros lugares acumulan un menor porcentaje del total de votos, en promedio. Luisa González, compitiendo entre ocho, debía acumular más votación que Arauz compitiendo entre 16. Pero ese no fue el caso: Luisa González en 2023 alcanzó la misma votación que Andrés Arauz en 2021.
El segundo elemento es más decidor y muestra las fisuras en el músculo electoral de la RC de manera aún más evidente: a pesar de los esfuerzos de la campaña para amasar el mayor número de votos posible en los bastiones de la RC propiamente dichos, la votación de González retrocedió con respecto a Arauz en Guayas, Manabí, Los Ríos y El Oro —allí precisamente donde se había ganado alcaldías y prefecturas importantes.
Estos retrocesos son indicadores importantes porque son una señal indiscutible de que electores que en años anteriores daban su voto a una opción correísta, en 2021 y 2023 prefirieron otra alternativa o votar nulo.
Si tuviéramos que estimar el músculo electoral de Daniel Noboa
Hasta muy recientemente, la discusión sobre las probabilidades de reelección de Daniel Noboa estaba anclada a los indicadores de intención de voto y aprobación de su gestión. La conversación sobre la aprobación de la gestión pasó del asombro por sus cifras elevadas, al desconcierto porque, a pesar de todo —apagones, delincuencia, desempleo—, sus cifras no han caído tanto después de todo.
La dificultad con Noboa es que tenemos muchos menos elementos de juicio para adjudicar si las mediciones de intención de voto de las encuestas son verosímiles o no. ¿Quizás?
Echando mano de dos análisis recientes de comportamiento electoral, se puede decir lo siguiente.
La más reciente consulta popular de 2024 se realizó en un momento de gran aprobación de la gestión de Noboa, cifras relativamente bajas de muertes violentas, y ausencia de apagones, con excepción de los últimos días justo antes de la consulta. Sin duda también era un momento convulso: había inseguridad y el gobierno había irrumpido en la Embajada de México para apresar al ex-vicepresidente Jorge Glas.
Como mostrábamos cuando analizamos los resultados de la consulta, a pesar de la altísima aprobación de varias preguntas, el apoyo electoral no fue uniforme en todo el país, sino que más bien demostró una clara tendencia en donde los territorios de mayor votación de Daniel Noboa en 2023 fueron también los territorios que mayor votación brindaron para aprobar las preguntas exitosas de la consulta en 2024, y viceversa.
Al mirar la variación geográfica en la votación, lo que se observa es una gran coincidencia en la estructura de la votación de Daniel Noboa en primera vuelta de 2023 y la estructura de la votación de las preguntas ganadoras en 2024. No hablamos del nivel de votación —no se puede comparar cifras de elecciones presidenciales con resultados de una consulta popular. Nos referimos a la distribución de los votos —la forma como el apoyo electoral varía o se parece comparando dos elecciones diferentes.
Es muy notable que, por ejemplo, la pregunta de mayor aprobación en la consulta popular de 2024 recibió prácticamente la misma distribución de apoyo electoral que Noboa en la primera vuelta de 2023, en un momento donde Noboa tenía gran aprobación y algunos indicadores de su gestión le resultaban favorables.
Tal como apuntábamos, Noboa pudo ganar la presidencia gracias a un masivo voto en segunda vuelta que era muy heterogéneo internamente, y que, por cualquier razón, prefería una alternativa diferente al correísmo. Ese voto no le pertenecía orgánicamente: se fue con él ciertamente, pero podría haberse ido con otro candidato si las cosas eran diferentes y la alternativa al correísmo en segunda vuelta era otra.
Los resultados de la consulta de 2024 mostraban que las preferencias del electorado se habían mantenido más o menos estables hasta ese momento, y que Noboa en realidad no había logrado incrementar mayormente su apoyo electoral más orgánico.
Una estimación de Ricardo Viteri utilizando resultados electorales sugería que en ese momento el voto duro de Daniel Noboa estaba alrededor del 11%.
En conclusión, ¿cuáles serían unas expectativas razonables hoy?
No me sorprendería si Luisa González alcanza 33% o menos. En el caso de la RC, las últimas dos elecciones muestran una relativa estabilidad en su votación. Las mismas preferencias en el electorado que generan apoyo o rechazo a la candidatura de la RC parecen estar presentes y ser estables desde hace cuatro años.
Cuando usted se pregunte si el correísmo puede ganar en primera vuelta o perder estrepitosamente, recuerde que fuerzas que le empujan hacia arriba —descontento con Noboa, demanda de más presencia del Estado— se enfrentan a las fuerzas que le empujan hacia abajo —desde el rechazo a la imagen del expresidente Correa hasta el mal sabor que deja la inauguración ilegítima de Nicolás Maduro en un nuevo período presidencial en Venezuela.
Es imposible saber qué fuerza pesará más o estará más presente en la mente de los electores el 9 de febrero, pero los datos recientes muestran importantes fisuras en aquellos que han sido tradicionalmente los bastiones más fuertes de la RC.
Con Noboa, en cambio, aceptar que su intención de voto está entre el 30-35% implica aceptar que su voto orgánico —le dicen "voto duro" a la intención que decididamente apoya a un candidato y a ninguna otra alternativa— ha incrementado por lo menos al doble, y que a eso se suma un voto "blando" —aquel votante que podría votar por Noboa pero también está considerando a otro candidato— de 5-10 puntos adicionales. ¿Es eso razonable?
Lo es, siempre y cuando también aceptemos que Noboa estaría acumulando buena parte de los votos que en 2023 fueron a Christian Zurita y Jan Topic y otros candidatos, y que además ningún tercer candidato va a captar ni siquiera parte de esa demanda de parte de los electores.
Y ahí los supuestos sobre supuestos empiezan a volverse frágiles. Como hemos señalado en otra parte, el comportamiento del electorado en las elecciones anticipadas anteriores mostró que los votantes de Zurita (o Villavicencio) tenían preferencias tanto opuestas a la RC como a Noboa. Los votantes de Topic era más difusos: preferencias similares a los votantes de Noboa en provincias de la costa, por ejemplo; pero preferencias independientes entre ambos en otras provincias.
En suma, me sorprendería si Noboa alcanza por encima del 35%, y no me sorprendería si queda en segundo lugar apenas por debajo de Luisa González. Si el resultado es muy diferente a esto, habría que buscar explicaciones en la relación entre el voto por las terceras opciones en 2023 y los resultados en 2025. El gran punto ciego de este análisis es el incremento en la intención del voto por Noboa provocado por la estrategia de entrega de regalos, víveres, camisetas, etc., de parte de la campaña. Sobre ese efecto y su magnitud, no tengo parámetros.
Volviendo al inicio, las últimas elecciones han mostrado que en Ecuador efectivamente lo sorprendente puede ocurrir. A estas alturas antes de las elecciones de 2023, Noboa aparecía en sexto lugar con 5% de intención de voto. Lo aquí señalado es, si se quiere, el punto de partida de mis expectativas personales, y el tablero sobre el cual el debate y la campaña de las siguientes tres semanas puede incidir.






